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El Blog | Blas Matamoro




Románticos

Románticos

Comentando el célebre dicho de Rubén Darío podríamos afirmar que no se puede ser sin ser romántico. ¿Una suerte de fatalidad decadente, acaso inevitable para el hombre moderno? Lo digo porque los románticos también se llamaron modernos en oposición a los clásicos, como si romanticismo y modernidad fueran sinónimos. Dubitativo o convencido, el lector, seguramente, estará entornando los ojos y exclamando “¡Ah!”



Una propuesta

Una propuesta

Boccherini concedió escasísima importancia a su Musica notturna di Madrid. Era un “quintetito” hecho en Boadilla del Monte, en la soñolienta corte del infante Don Luis, sin fecha cierta, entre 1776 y 1785, acaso con algo de nostalgia por las noches matritenses. Más concretamente: de la franja más castiza y goyesca de Madrid, entre la Morería, la Cuesta de la Vega y el Cuartel de los Alabarderos. El músico llegó a pedir a su editor de París que no la publicara, pues se trataba de una obra incomprensible fuera de España.



Música en libertad

Música en libertad

Cercana e inalcanzable, frágil pero potente hasta la extenuación, la música constituye uno de los elementos misteriosos en la condición propia de esta especie animal llamada humana. Schopenhauer se atrevió a imaginar que existirá hasta cuando hayamos desaparecido, cosa que ha de ocurrir antes de que acabe la vida en la Tierra, según sentencia Lévi-Strauss, ceñudo hombre de ciencia que ve en la música, justamente, el supremo de los misterios. Si viviera Kant le preguntaríamos por esta experiencia ajena a la Experiencia y, enseguida, el enjuto maestro pronunciaría la palabra “metafísica”.



La música objetiva

La música objetiva

 En esta misma revista (número 249, febrero de 2010) publicó José Luis Téllez un artículo titulado “Fragmentos”, sagaz y fundado como todos los suyos, en el cual evoca un dicho de Charles Rosen acerca de la interpretación de la música, que consiste (recito a Rosen) en “llevar una obra de música a algo que se acerque a su existencia objetiva, ideal”. ¿Cabe colegir que la existencia real de la música nunca es objetiva y su objetividad nunca es real?