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El Blog | Blas Matamoro




¿Es usted moderno?

¿Es usted moderno?

Harto de oír la palabra “moderno” cargada de incomprensibles ambivalencias – qué moderno, que bien vestido o qué moderno, que inmoral – me fui a consultar a los sabios.



Prosa, poesía, música

Prosa, poesía, música

Desde los románticos se viene diciendo que todas las artes propenden a la música. Lo dijo Heine, lo repitió Borges y seguimos releyéndolos. Pero el asunto viene de lejos. Como siempre, los griegos lo pensaron antes. Enseñaban la música junto con la poética y la retórica. Sólo a partir de Alejandro Magno, acaso por influjo de su maestro Aristóteles, se dividió la prosodia, que afectaba a la prosa, de la armonía propia del poema. La palabra musical era poética. La desnuda y pura (y cruda y dura), prosaica.



Lenin y la música

Lenin y la música

A pesar del cerrado determinismo de algunos críticos así llamados marxistas y del dogmatismo revolucionario que juzga las obras de arte sólo por la inmediata utilidad política que se les exige rendir, algunos maestros del pensamiento socialista fueron bastante más matizados en estas cuestiones. Marx se sabía de memoria a Dante, un pensador favorable al Papado. Engels prefería las novelas del reaccionario Balzac antes que los folletines obreristas de Suë o Lafarge.



Armonía

Armonía

 Los griegos  −que, según parece, lo pensaron todo antes que nosotros – también se preocuparon por la armonía. Lo supe leyendo a los que saben del tema: Kirk, Guthrie, Eggers Lan. Los pitagóricos la definían como el acoplamiento o adecuación de las cosas entre sí, hasta en términos inmediatamente materiales, físicos. Servía también para denominar la afinación de las cuerdas de un instrumento, todas de variada tirantez: una escala musical. Los intervalos, a su vez, se definieron por números.



El violinista de Hitler

El violinista de Hitler

Dice Walter Benjamin que el fascismo es la estetización de la política como el estalinismo es la politización de la estética. Hitler, por ejemplo, vivió rodeado de arte y artistas. Él mismo era un pintor de postales y un proyectista de ciudades. Lo comprometió a Albert Speer, un exquisito vanguardista, a diseñar urbes monumentales de evocación clásica. Tanto consiguió del buen arquitecto que éste, al ver las sinagogas incendiadas, no se dio cuenta de que se había desatado una persecución contra los judíos.



Mahleriana

Mahleriana

Estamos teniendo un año Mahler y se nos anuncia otro. Canciones y sinfonías, entremezcladas, seguirán desplegando su gran mural, acaso porque Mahler sólo escribió una larga y única sinfonía, mechada de Lieder orquestales. Y también porque, quizá, no acabó de redactar la sinfonía ideal que lo asediaba.



Románticos

Románticos

Comentando el célebre dicho de Rubén Darío podríamos afirmar que no se puede ser sin ser romántico. ¿Una suerte de fatalidad decadente, acaso inevitable para el hombre moderno? Lo digo porque los románticos también se llamaron modernos en oposición a los clásicos, como si romanticismo y modernidad fueran sinónimos. Dubitativo o convencido, el lector, seguramente, estará entornando los ojos y exclamando “¡Ah!”



Una propuesta

Una propuesta

Boccherini concedió escasísima importancia a su Musica notturna di Madrid. Era un “quintetito” hecho en Boadilla del Monte, en la soñolienta corte del infante Don Luis, sin fecha cierta, entre 1776 y 1785, acaso con algo de nostalgia por las noches matritenses. Más concretamente: de la franja más castiza y goyesca de Madrid, entre la Morería, la Cuesta de la Vega y el Cuartel de los Alabarderos. El músico llegó a pedir a su editor de París que no la publicara, pues se trataba de una obra incomprensible fuera de España.



Música en libertad

Música en libertad

Cercana e inalcanzable, frágil pero potente hasta la extenuación, la música constituye uno de los elementos misteriosos en la condición propia de esta especie animal llamada humana. Schopenhauer se atrevió a imaginar que existirá hasta cuando hayamos desaparecido, cosa que ha de ocurrir antes de que acabe la vida en la Tierra, según sentencia Lévi-Strauss, ceñudo hombre de ciencia que ve en la música, justamente, el supremo de los misterios. Si viviera Kant le preguntaríamos por esta experiencia ajena a la Experiencia y, enseguida, el enjuto maestro pronunciaría la palabra “metafísica”.



La música objetiva

La música objetiva

 En esta misma revista (número 249, febrero de 2010) publicó José Luis Téllez un artículo titulado “Fragmentos”, sagaz y fundado como todos los suyos, en el cual evoca un dicho de Charles Rosen acerca de la interpretación de la música, que consiste (recito a Rosen) en “llevar una obra de música a algo que se acerque a su existencia objetiva, ideal”. ¿Cabe colegir que la existencia real de la música nunca es objetiva y su objetividad nunca es real?