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El Blog | Blas Matamoro




Enrique Viana

Enrique Viana

Hacer excelente música en serio y jugando a la broma, es algo que tiene ilustres tradiciones. Por citar al voleo: La broma musical de Mozart, la Sinfonía de la despedidida de Haydn, El carnaval de los animales de Saint-Saëns, por no enumerar en plan catastral tantos títulos del jocundo Offenbach. En esa línea está trabajando hace tiempo el humor destilado y erudito de Enrique Viana, con espectáculos de grupo o unipersonales como La locura de un tenor, El tenor en vivo y al rojo, Música y excusas, Rossiniana alta en calorías, Banalités y vianalités.



Las ocultas canciones de Bach

Las ocultas canciones de Bach

 Se atribuye a Nicolás Rimski-Korsakov la insolente y divertida definición de Bach como “una sublime máquina de coser”. Examinando la estética de Rimski, su amor al colorido y a las texturas – por así decirlo – tangibles de los instrumentos, como también por los amplios arcos melódicos románticos, balanceando todo esto, la boutade puede explicarse.



Releyendo a T.S. Eliot

Releyendo a T.S. Eliot

En una pasaje de La tierra baldía que se refiere a un condenado dantesco, el conde Ugolino, T.S. Eliot describe a ese personaje sentenciado al más allá como un exilado de la eternidad que se dispersa en el exilio terrestre. De alguna manera, el poeta americano, haciendo lo mismo que Dante, redime a la infernal figura por medio de sus versos, convirtiéndolo en inmortal. Los poetas son dos, si vale la explicación: Dante ocupándose de Ugolino y Eliot releyendo a Dante.



Te amo, te odio

Te amo, te odio

Mucho se ha escrito sobre la intensa y borrascosa relación entre Wagner y Nietzsche. Sostenida y durable de por vida, se trata de una verdadera pasión: un afectuoso dolor, que tal significa la palabra. Lo que sigue son unos fugaces apuntes.

Lo que a Nietzsche lo apartó de Wagner, más que él mismo, fueron los wagnerianos. No quiso confundirse con ellos, su empresa era otra y muy distinta. Los acólitos se enfrentaron con Wagner, “el más profundo, el más osado y el peor comprendido” de su época. También, un comediante, como todo verdadero artista. Ahí queda eso.



¿Revolución?

¿Revolución?

Se suele pensar en el atonalismo serial como una revolución en la historia de la música. Con él terminó la asociación música-tonalidad y, por lo mismo, una red de tradiciones que se tejió durante siglos. El atonalismo derogó la jerarquía de los sonidos dentro de la escala, quitando los privilegios de la tónica y los armónicos naturales. Pero no disolvió el sonido templado ni eliminó el semitono ni tampoco la notación pautada de toda la vida. Schönberg fue un anarquista pero de sangre azul, según la divertida fórmula acuñada a mediados del siglo pasado por Constant Lambert.



Popular y clásica

Popular y clásica

Voy a lucir brevemente mi currículo. El que avisa no es traidor. Hace unas semanas concurrí a un encuentro sobre tango en Buenos Aires. Participé porque, en 1969, abriendo un lugar en el camino que, de alguna manera, me condujo a este blog, publiqué La ciudad del tango, un intento de hacer la historia social de esta música, este baile y esta literatura.



París 1902

París 1902

Marguerite de Saint-Marceau tuvo uno de los salones artísticos más notorios de París y ha dejado unos diarios repletos de informaciones ineludibles. Ravel la consideraba esnob. Ricardo Viñes lo corregía: “Te equivocas, no es esnob, es muy esnob.” Lo cierto es que aquellas páginas abundan en observaciones agudas y perdurables.



Don Bruno forever

Don Bruno forever

Hacia 1960 la CBS empezó a editar la última y madura serie de grabaciones dirigidas por Bruno Walter. Recuerdo que algunos, ante su Mozart y su Haydn, pusieron cara de conmiseración y dijeron: “Está bien, son correctas pero demasiado románticas. Esa música ya no se toca así”. Llegó el fin de siglo, cuando todo valía lo mismo en la tolerancia indiferente de la posmodernidad, y luego se inauguró el número XXI, con su repulsiva crisis de insolentes ordenadores y fraudulentos financistas de humo.



La música me pone de los nervios

La música me pone de los nervios

Geneviève Halévy era hija de Fromental, el autor de La judía. Casó con y enviudó de Georges Bizet, del cual tuvo un hijo, compañerito de colegio con un tal Marcel Proust.



Wagnerizando un poco

Wagnerizando un poco

Escribe José María Vargas Vila en El ritmo de la vida: “¿Quién puede sentir el Entusiasmo de las lágrimas?...