Ud. está aquíInicio / Bitácoras / El Blog | Blas Matamoro

El Blog | Blas Matamoro




El variable Beethoven

El variable Beethoven

Cierta vez preguntaron al compositor Carlos Guastavino qué pensaba sobre Beethoven. El respondió: “¿Beethoven? Bah, puras escalas.” Alguien comentó: “Ya puestos, se podría haber acordado de Mozart que, ese sí, escalaba y escalaba.” No estuvo solo el músico argentino en su juicio. Stravinski, por ejemplo, consideraba a Beethoven pobre en inspiración melódica y, por ponerle una cercanía, mencionaba el modelo opuesto: Bellini. Hay que decir que el ruso tampoco se veía a sí mismo como rico en la materia.



Futuros y futurismos

Futuros y futurismos

Unas cuantas veces – la última conocida e importante: el romanticismo – la historia ha montado la figura del artista como vate, es decir alguien capaz de vaticinar, de profetizar. En la música, Wagner situó en el futuro el sitio de su arte. De algún modo, la humanidad “normal” (maticemos: meramente normal, normalita) se encaminaba hacia donde el genio ya estaba instalado. Las vanguardias trabajaron a partir de esta convicción: el futuro es lo importante, el pasado no cuenta y el presente es mera excusa para llegar al mañana. Su culto al futuro las volvió futuristas.



Nietzsche, la escabechina

Nietzsche, la escabechina

De un solo escobazo, Nietzsche se cargó la música alemana del siglo XIX, acusada de un imperdonable pecado: ser decadente. En especial, por culpa de los románticos, artistas a los cuales su gran insatisfacción consigo mismos vuelve creadores, aparta la mirada de ellos y de su mundo circundante, dirigiéndola hacia atrás, hacia el origen, donde no hay nada más que un mito desnudo: el Mito del Origen.

 



Entonémonos

Entonémonos

Los públicos de la música siguen prefiriendo la herencia del pasado a la música llamada, bien que mal, contemporánea. Dicho del revés para entenderlo mejor: consideran más contemporáneo a Bach que a Philip Glass.



La espada del dios

La espada del dios

La admirable versión de La valquiria que acaba de dirigir James Levine en Nueva York y que hemos disfrutado por pocos euros en miles de cines del mundo y en directo, me sirve de excusa para repensar un par de cosas acerca de la tetralogía wagneriana. Tal vez una sola ¿Por qué se llama El anillo del nibelungo y no La espada del dios?



Cuidado con el origen

Cuidado con el origen

Los críticos, critiquitos o criticones que nos dedicamos a estas cosas, solemos rastrear en cualquier obra las procedencias por medio de las similitudes, la expansión de las escuelas, la recepción de Tal o Cual Maestro, las imitaciones, las atribuciones, los apócrifos, las ediciones críticas y hasta los billetitos más privados de los compositores. Pero, a veces, nos quedamos sin las migas de pan de Pulgarcito. Aparece un genio y nos deja sin guía, como los pájaros del bosque que se comen las migas.



El caso Gian-Carlo Menotti

El caso Gian-Carlo Menotti

 A Menotti le tocó nacer el año en que murió Mahler. Ha pasado un siglo, acaso el más convulso y, en esa medida, rico de la historia musical. Todo ha tenido la velocidad vertiginosa de la tremenda centuria llamada con el número veinte.



Pianistas

Pianistas

Un instrumento como el piano parece preparado para inmovilizar al ejecutante. Un violinista, un flautista, un cantante, pueden moverse y circular con sus ingenios – el del cantante es su propio cuerpo – pero el hombre/mujer del teclado tiene que estar quietecito, sentadito, con las manecitas pegadas a la dentadura de ese luctuoso animal, a medias catafalco, llamado piano.



La secta del celofán

La secta del celofán

El recuerdo es antiguo e impreciso en los detalles. Estoy sentado en el paraíso del teatro Colón de Buenos Aires. El escenario, lejano, muy lejano, alberga a un instrumentista mínimo y sutil, quizá Narciso Yepes o Nicanor Zabaleta. Tengo los cinco sentidos muy alertas al hilo de música que sube hacia la cúpula. Digo cinco porque si tuviera cincuenta también estarían en lo mismo.



La canción del olvido

La canción del olvido

Es muy probable que la primigenia relación entre el hombre y la música haya sido el canto. Digo más: el primario vínculo con la vocalidad que, más tarde, se hará palabra. Aún hoy subsisten tribus que se comunican por silbidos. ¿Canta la naturaleza? El zorzal hace perfectas cadencias como si entendiera de tonalidad. El canario trina con un aliento y una limpieza de semitonos que ya se quisiera más de una soprano de coloratura. Pero no vayamos tan lejos. La lejanía es oscura y propende al lirismo fácil. Volvamos a la inmediata prosa.