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El Blog | Blas Matamoro




Brahms en cuestión

Brahms en cuestión

De entre las incontables reflexiones que puede motivar la obra de Brahms extraigo una sola, marcada por su obviedad. Situado en medio de la polémica estético-musical del siglo XIX, Brahms es la alternativa a Wagner, lo clásico intemporal frente a lo evolutivo y progresivo. El gusto por la abstracción, su aislamiento total respecto del teatro, la claridad estricta respecto a la forma y el género, la insistencias en el par de tema y variaciones, todo aquerencia a Brahms del lado de la música como una institución, eventualmente una academia. De Brahms devienen Max Reger y Hans Pfitzner.



Letras y corcheas

Letras y corcheas

Antonio Muñoz Molina no es sólo el notorio novelista que muchos hemos leído sino también un melófilo del cual los lectores de Scherzo pueden constatar sus observaciones mensuales. En Babelia del 16 de julio, Muñoz Molina, a propósito de la lectura de los clásicos, deja anotadas un par de reflexiones muy inteligentes acerca de la recepción y la actividad de quien lee un libro y quien escucha una música.



Tradición y revolución

Tradición y revolución

¿Hay tradiciones en la música? Sí, su peor enemigo es su caricatura, la rutina. ¿Hay innovación en la música? Sí, su peor enemigo es su caricatura, la improvisación. Pero, estrictamente ¿hay revoluciones en la música? Aquí la respuesta se empaña y conviene que no se empeñe porque la palabra se las trae. Tenemos una idea —mejor dicho: una imagen— facilona de la revolución como un follón con desorden y violencia. Hay quien piensa lo contrario, por ejemplo Ortega y Gasset, que ve las revoluciones como catástrofes lentas que, a veces, duran siglos.



Apalabrar la música

Apalabrar la música

Hablar de música es difícil, dice el tópico. Será por eso por lo que se habla tanto de ella: porque la dificultad estimula, porque sugiere algo de prohibido que también estimula y porque la imprecisión con que se habla de algo difícil alarga el discurso tal vez hasta el infinito.



El silencio de Schönberg

El silencio de Schönberg

Por fin ha llegado Moisés y Aarón al escenario del Real. Lo hizo en la puesta de Romeo Castellucci, la cual, en lugar de aprovechar los escasos momentos de teatralidad de la obra, subrayó su carácter oratorial y abstracto por medio de simbolismos alegóricos, si cabe esta asociación, y un uso frugal del color: blanco, negro y grises.



Ópera y público

Ópera y público

En 1794 quedó vacante el puesto de director en el Burgtheater (Teatro de la Ciudad) de Viena. Se abría la oportunidad de una nueva concesión y la corte imperial empezó a manejar nombres. Lo suyo es que el principal teatro de la capital se concediera a un personaje de acreditada alcurnia. Pero no fue así.



Extravagancia y duración

Extravagancia y duración

La historia de la música es, entre otras muchas cosas, la historia de su recepción. Se dirá que esto ocurre con todos los discursos culturales y es verdad, pero la música acredita, en este sentido, un plus: no existe si no se la escucha. De tal modo, lo que públicos de aficionados y circulitos de especialistas han dejado dicho durante siglos de melofilia, es esencial para trazar una historia del arte sonoro, dado que, en la inmensa mayoría de los casos, nadie volverá a oír las voces y los instrumentos del pasado anterior a los medios mecánicos de reproducción.



Tonalidad y expresión

Tonalidad y expresión

El tema de la tonalidad, unido a la diferencia de modos, ha dado que hablar más que de componer en cuanto a la temática mayor de la música: su naturalidad expresiva, el admitir que la música expresa siempre, de modo inmediato, algo, un algo que no necesita explicitarse verbalmente y que, de vuelta, no hay palabra que pueda explicitarlo en medida cabal.



Cuestión de toque

Cuestión de toque

De todos los instrumentos, el piano goza de una especial popularidad, como si fuera el instrumento por excelencia de todos y de cualquiera. Hubo un tiempo en que hasta la mínima población del mundo contaba con una subpoblación de estudiantes de piano, que eran, así genéricamente, los músicos de la humanidad. Quizás no haya ingenio más manuable y, a la vez, tan complejo, para producir arte sonoro y de ahí su predicamento. En efecto, ¿qué otro aparato puede sonar como un laúd y una orquesta?



El viaje de Parsifal

El viaje de Parsifal

Poner en escena a Wagner es siempre una patata caliente por la duración abusiva de sus óperas, las acciones repetidas, la sobreabundancia de estáticos relatos, la naturaleza mestiza de esas producciones que no acaban de ser óperas, cantatas dramáticas o sinfonías con voces.

El problema se acentúa en el caso de Parsifal, su última obra, que él consideró un “festival sagrado” y que tiene algo de ritual, de liturgia entre católica y pagana, con un larguísimo dúo de ópera y una cantidad de trucos escénicos a la manera de esa espectacularidad que Wagner decía detestar.