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El Blog | Blas Matamoro




Un invento español

Un invento español

¿España, país pobre en inventores? Tal vez sería mejor decir que es un país de pocos pero decisivos inventos. Cito tres, el tercero propio de nuestra materia: el submarino, el autogiro y el canto moderno. Lo podríamos denominar quizá propiamente como canto romántico o, por costumbre, bel canto. Lo debemos a una familia de cantantes y didactas que respondieron al muy corriente apellido de García: Manuel, padre e hijo, y dos chicas hoy legendarias apellidadas según sus maridos: María Malibrán y Pauline Viardot.



Para un retrato de Erik Satie

Para un retrato de Erik Satie

Mucho se ha dicho sobre Satie, en especial porque su arte es, en buena medida, literario, el arte de subtitular sus piezas, más allá de los géneros real o fantasiosamente invocados. Vaya una página añadida, con la excusa de su sesquicentenario (1866-1921). Conviene empezar el esbozo recordando algunos de aquellos nombres: Embriones disecados, Preludios fofos para un perro, Sonatina burocrática, Pieza en forma de pera. Muy sugestiva es la apelación a Rossini, con sus Pecadillos, sólo que el italiano los atribuyó a su vejez y Satie, a su infancia.



En busca de la Norma

En busca de la Norma

Si hubiera que hacer un palmarés de la ópera y se me consultara, uno de los títulos de primer rango sería para mí Norma de Vincenzo Bellini. Estrenada en 1831, heredera de los rigores líricos neoclásicos, apunta, a la vez, hacia la depuración belcantista y al estudio romántico de los sentimientos, entre el odio y el amor, sintetizados en el sacrificio. En todo caso, la historia es romántica en tanto historia de amor, o sea de ilegalidad.



El caso Rautavaara

El caso Rautavaara

La reciente muerte del finlandés Einojuhani Rautavaara (1928-2016) ha replanteado el tema de las etapas progresivas de la música y, por lo mismo, sus movimientos regresivos. Rautavaara proviene de Sibelius, un músico que, en pleno siglo XX, un siglo musicalmente convulso, siguió valiéndose de un lenguaje contemporáneo, por ejemplo, de Dvorak y Tchaikovsky. Es cierto que exploró soluciones formales inéditas en algunas de sus sinfonías —especialmente en la séptima— pero su utillaje sinfónico siguió siendo el señalado.



Rossini una vez más

Rossini una vez más

En el número en curso de Scherzo puede leer un texto de José Luis Téllez, inteligente y documentado como todos los suyos, titulado “El nacimiento del romanticismo”. En él vindica a Rossini como uno de los iniciadores del romanticismo musical, en un género como la ópera italiana, el que parecía ser el más alejado de toda sede romántica. En efecto, a pesar de tomar su nombre del latín (romanticus: algo escrito en legua romance), rápidamente se asocia dicho movimiento con la Europa germánica y anglosajona.



Algo más sobre el realismo musical

Algo más sobre el realismo musical

Pareciera que el realismo es un tema meramente histórico en materia estética, sobre todo por la aparente dominación de las artes técnicas de la imagen que, unidas a la captación y reproducción electrónica del sonido, nos permiten apoderarnos de la realidad tal cual es. Podríamos decir: tal cual es según la imagen y el sonido que captamos, con lo que nos metemos en una espiral interminable de equivalencias (¿equívocos?) sobre temas filosóficamente tan arduos como lo real, la realidad y los realismos.



Volteriana

Volteriana

En el Diccionario filosófico de Voltaire, al menos en la edición Folio que tengo, no hay un artículo dedicado a la música. No creo que el escritor fuera sordo al arte sonoro, en un medio donde el mismo, en el esplendor del estilo galante, deambulaba por todos los  salones. No obstante la ausencia, el artículo “Cuerpo” permite alguna reflexión sobre el tema.



Mahler y Strauss

Mahler y  Strauss

Desde su ceñuda clave histórica, Theodor W. Adorno ha dispensado indultos y condenas a pares. Absolvió a Brahms y condenó a Dvorak, absolvió a Schönberg y condenó a Stravinski por instaurar un retorno al clasicismo y glosar la música industrial de masas como el jazz y el tango. Su noción progresiva del arte le hacía juzgar a los músicos conforme se comprometieran con el vetusto pasado o el lozano porvenir. Volver no es histórico sino lo contrario. La historia siempre va hacia donde debe, no importa qué sea lo que debe pues basta con que siga yendo.



Unos maestros muy maleducados

Unos maestros muy maleducados

Los maestros cantores de Nuremberg, de hecho la única comedia de Wagner, contiene una de las más hermosas oberturas de la historia, tres monumentales finales de intrincada polifonía, un antológico quinteto, dos canciones tan corrientitas que las podrían haber suscrito Millöcker o Von Suppé, una densidad orquestal abusiva para una comedia, un humorismo bastante tontucio y cuatro horas de literatura dramática reiterativa y circular.



La curación por la música

La curación por la música

El neurólogo y neuropatólogo Oliver Sacks era melófilo, pianista por afición más que por profesión y una suerte de terapeuta de la mente y el cerebro con la ayuda de la música. Lo narra en una serie de libros casuísticos, que el lector lego puede disfrutar como afecto a las narraciones, y también en su autobiografía En movimiento. Una vida. Desde luego, particularmente en su libro Musicofilia.