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Voces isósceles




PorArturo Reverter - Publicado el 07 July 2010

Voces isósceles

Isósceles: dícese del triángulo que tiene dos  lados iguales. Es decir, que viene constituido por una base y dos lados que confluyen en un ángulo por lo general agudo; aunque también puede ser recto y de más grados. Imaginemos un cono cortado verticalmente; o, y esto es muy gráfico, la típica tienda india. Cualquiera, por tanto, puede hacerse una idea de esta figura geométrica que nos viene al pelo para forjar mentalmente el concepto que queremos desarrollar aquí brevemente: las voces isósceles.

Se trata de aquéllas que, sobre la base imprescindible del apoyo canónico –ya se sabe: diafragma, abdominales, intercostales, músculos que sostienen, administran y proyectan el aire creando la presión subglótica que incide en la cuerdas vocales-, se edifican, naturalmente, hacia arriba, por peldaños, como todas, pero en un progresivo y paulatino adelgazamiento, en el que van perdiendo poco a poco carne, densidad, lustre, fulgor y brillo, empequeñeciéndose hasta quedar, ya en tesitura alta, prácticamente sin presencia, con un apoyo escaso y una vibración pálida, exangüe. La columna de aire, poderosa en un principio, se ha visto estrechada en su proyección hacia lo alto. Los bordes del sonido se cierran alarmantemente en esa escalada y ofrecen un aspecto debilucho y desdibujado. Es el momento en que entra en acción el falsete y sonoridades vecinas, más o menos reforzadas; no por una búsqueda de expresión o persiguiendo un colorido más fino, sino por incapacidad del cantante, generalmente masculino: a los hombres siempre les cuesta más emitir y atacar la zona superior de su tesitura.

Los ejemplos más claros los tenemos en la voz de tenor; y no de ahora, sino también de tiempos pretéritos. Uno que nos viene como anillo al dedo por cuanto es reciente y hemos tenido ocasión de escucharlo en su recital del Teatro de la Zarzuela de hace unas semanas, es el del inglés Ian Bostridge, tan afamado y cotizado actualmente. Es cantante refinado y expresivo, no cabe duda, dice bien y, en su curioso deambular por el escenario, en el que adopta un aire familiar, con paseos incluidos, como si estuviera ensayando tranquilamente en su casa, sabe jugar con dinámicas y regula satisfactoriamente, con cuidado y línea. Pero es un claro prototipo de voz isósceles, lo que hace perder personalidad a su canto, que se adelgaza ñoñamente en cuanto accede a la franja superior. En efecto, no acaba de sortear con pericia el pasaje y el sonido, más arriba del mi, tiende a aligerarse en emisión abierta y una coloración cada vez más diluida. Es un lírico-ligero con una base grave amplia e incluso ancha, dotada de cierta prestancia, aunque diste de ser bella, pues el timbre resulta con frecuencia nasal y, en ocasiones, con adherencias de gola.

En su viaje al agudo el instrumento se destimbra y se hace ligero, estridente, opaco y los agudos suenan forzados y descolocados; pequeños y sin personalidad; emitidos, además, sin vibración y conseguidos mediante extrañas contorsiones. El cuello se alarga y la cabeza, en vez de mantenerse alta, se orienta hacia el suelo y la figura física se hace menos esbelta y pierde la verticalidad que ofrece normalmente. Es un hombre alto y muy delgado. Todo ello porque, de natura, el artista, no da más de sí y porque la técnica, buena para la articulación, la dicción y para obtener un legato muy apreciable, no es capaz de propulsar un sonido sano, que repercuta en los resonadores altos. Una voz que se queda a medio camino. No resuelve los problemas de esa franja elevada; como sí los resolvía con fortuna un ilustre antecesor, asimismo buen servidor de la música de Britten y otros ingleses, Peter Pears, que tampoco tenía una voz del otro jueves, pero que sabía obtener unos réditos mayores a base de conocimiento del métier; aunque el sonido no fuera, ni mucho menos, bello. Pero era más amplio y, aunque en él predominaban las notas de cabeza afalsetadas, todo tenía una mayor prestancia.

No es, por supuesto, Bostridge un ejemplar único en el firmamento actual; ni en la prehistoria o historia del canto moderno. Es de la estirpe, aunque siempre se pueden establecer diferencias ostensibles, de esos tenores de raíz germana, nórdica o inglesa, a veces verdaderos maestros en la dicción y en la expresión del lied, hábiles comúnmente para el manejo de la voz de cabeza. Recordemos los nombres de Karl Erb, Julius Patzak, Aksel Schötz, Helmut Krebs, Gerhard Unger, Kurt Equiluz, Peter Schreier, Louis Devos, Stuart Burrows, Robert Tear o Ian Partridge, los tres últimos precisamente compatriotas de Bostridge. Como Rufus Müller o Nigel Rogers. Casi siempre buenos Evangelistas de las Pasiones de Bach (que, en realidad, deberían ser cantados por voces de mayor entidad dramática). Otro tenor, asimismo de esta cuerda variada de los ligeros o lírico-ligeros, es Christoph Prégardien, buen liederista, atinado fraseador, pero aquejado del mismo mal geométrico.

Claro que también hay barítonos que siguen una configuración vocal similar. Ya hemos mencionado en este blog a Matthias Goerne, cuya voz, oscura y templada, permanentemente engolada, se estrecha asimismo en la zona alta, se afalseta y se ve privada de los brillos naturales que concede la emisión canónica. Al escuchar estos instrumentos uno sufre porque no aprecia cómo podrían encontrar el camino justo del apoyo suficiente, del sostén adecuado que permitiera que esa columna de aire que viaja al exterior para hacerse sonido, no tuviera esa apariencia isoscélica, sino que, al menos, adquiriera la del corte vertical de un cono truncado o, mejor, la de un trapezoide de base ancha y línea superior paralela no mucho menor.

Lo mejor, pero imposible, sería que las voces en su escalada hacia arriba fueran más paralelepipédicas, se constituyeran, efectivamente, como figuras de anchura continua, de tal manera que las sonoridades de cabeza en plenitud tuvieran la misma o parecida consistencia que las del medium o del grave. Esa fue la razón de que, a principios del siglo XIX, cambiara la técnica de emisión: obtener una personalidad sonora igual en toda la gama. En el agudo, con el refuerzo de los resonadores. Elegir el triángulo isósceles revela falta de preparación, comodidad o vaguería criticables. Para las voces de tenor ligeras o lírico-ligeras el ejemplo a seguir es hoy el de Juan Diego Flórez. En esto, en el modo de emitir, no deberían existir escuelas. Éstas han de actuar, eso sí, a la hora de matizar, de pronunciar, de expresar. Gran parte de lo dicho podría aplicarse, desde luego, a todo tipo de voces, incluso las femeninas; pero las hijas de Eva saben resolver, de natura en ocasiones, por lo general estos problemas geométricos y dar a su emisión una imagen más enjundiosa, plena, ancha, igual y potente.

Arturo Reverter

Querida Elvira: he quedado muy mal contigo porque hace siglos que me pusiste un cariñoso mensaje. Me congratula que te le pases bien escuchando mis programas. Yo también tengo muy buenos recuerdos de aquella lejana y estupenda época. Tú fuiste una de las que me animó a seguir adelante con aquella rara idea de lanzar un programa como A contraluz, que luego fue un exitazo gracias a Téllez; y que no tuvo un final feliz por razones varias y encontradas. Me lo pasé muy bien escuchándote en tu entrevista con Luis
Besos mil.

Contesto al sr. Das Lied. Gracias por sus cometarios, amigo. Tiene usted razon: a veces tendemos a perdonar esos defectos o defectillos técnicos si se disimulan discretamente con una buena dicción, una expresión adecuada o un estilo cuidado; amén de un timbre más o menos lustroso, lo cual ya no suele ser tan frecuente. Pero,  aun así, hay distingos. No tenemos más que comparar las interpretaciones de Bostridge y Pears de sendos lieder de Schubert. Ambos pertenecen a la categoría isoscélica, pero mientras el primero se pierde en situar el sonido, bastante afectado y envuelto en una pronunciación relamida, en esa zona superior en la que encuentra cómodos y esourios recovecos, el segundo va por derecho y no teme incluso a emitir abierto, con claro perjuicio para el brillo del timbre. Todos nos hemos dejado engañar o llevar, a sabiendas, por una interpretación inteligente aunque los medios técnicos sean parvos o cuando esa técnica sólo funcione para determinadas facetas del canto. Incluso estoy dispuesto a aplaudir al engolado Goerne; o al remilgado Bostridge. Volviendo atrás en el tiempo, hay que ver el cameleo continuo de Patzak en ese Herodes un poco de pacotilla, cantado en falsete permanente. Pero era un buen músico, al que tampoco aconpañaba, es cierto, la  voz, nasal y estridente. De los cantantes actuales de lied, ya que estamos en ello, son muy correctos en el aspecto que tratamos, por ejemplo, Gerhaher -que tiene otras carencias- y Quasthoff, aunque éste tiende a clarear en la zon alta, a abrir, aunque lo hace con inteligencia y finura. Hampson se maneja asimismo muy bien y sabe frasear, afalsetar, regular cuando le interesa, sin que dé la sensación de que se encuentra imposibilitado de cantar a plena voz las notas de la octava superior. Y es un mahleriano de excepción.
 

Estuve buscando una forma de dirigirme a usted para poder manifestarle mi entusiasmo y agradecimiento por su programa Ars Canendi, del cual afortunadamante he descubierto los Podcast y ahora puedo disfrutarlos en cualquier momento, sin tener que levantarme con sueño los lunes.MUCHAS GRACIAS

Agradecimiento mutuo, ya que el que hace un programa, lo trabaja previamente y lo emite, siempre espera la respuesta del otro lado, que generalmente es tácita. Cuando queda expuesta palmariamente, por el medio que sea, la satisfacción del transmisor o divulgador es doble; y encuentra entonces que el estudio desplegado vale la pena. Preparamos los programas para eso: para que sirvan de solaz,de sosiego y aprendizaje; que también lo es para el autor porque lo que sale a las ondas es fruto de una labor que lleva su tienpo. Es una gran idea lo del podcast, aunque la hora de emisión, domingos 11 noche, es bastante llevadera.

No sabía que podía disfrutar de tu talento e ironía por este medio. Algo es algo. Es mucho, dados los tiempos.

Don Arturo, ¡queremos más!

Y, naturalmente, el neologismo técnico "voz isósceles", recién acuñado por su imaginación, da en la llaga de un problema técnico considerable y cuidadosamente maquillado (en la medida de los recursos musicales de los tenores que se ponen como ejemplo del asunto). Le valoro mucho, señor Reverter. Su perspicacia es extraordinaria, así como su experiencia, realmente admirable. Pero es usted terrible a la hora de señalar lo desnudo que va el emperador con su nuevo traje.. ¡la eficacia científica de la puñalada me ha dolido en la propia piel! Porque, inevitablemente, cuando la propuesta expresiva y la convicción músico-textual del tenor es convincente, tiendo a querer perdonarle ese tipo de trampas, a desear que mis oídos se dejen engañar por los recursos empleados. 

¡Qué nivel! Confieso mi alegría cuando voy conduciendo por la autopista, ante un viaje de cinco horas, y en Radio Clásica anuncian a Arturo Reverter: no es sólo lo que aprendo, es, sobre todo, lo que disfruto. Gracias, maestro. Recuerdos lejanos.

POCAS PERSONAS MÁS CAPACITADAS QUE VD PARA VALORAR LA PÉRDIDA DE ESTA GRAN CANTANTE, TAN CRITICADA A VECES.